La historia de J.K Rowling


La historia de J.K Rowling (o cómo tocar fondo y reencaminarse hacia la cima)

Basta tipear su nombre en el buscador para que aparezcan numerosas noticias y datos sobre su vida. Hasta se ha hecho una película biográfica sobre ella (Más allá de las palabras) ¿Qué no se ha dicho sobre J. K. Rowling? A esta altura, todos alguna vez escuchamos algo sobre ella.  Sin contar que todo fan de Harry Potter la googleó al menos una vez y que eso es mucha gente. Pero ser una de las autoras más populares de la historia y tener una vida tan interesante, amerita que redescubramos más sobre ella. Y por si necesitábamos una excusa, ayer se cumplieron 20 años del lanzamiento de Harry Potter y la piedra filosofal. Así que, empezamos…

Desde chiquita, a Joanne le gustaba escribir y contar historias, pero era demasiado tímida como para mostrarlas (salvo algún que otro relato divertido, que sí compartía). Por alguna razón, al crecer, esa pasión por la literatura quedó archivada, aunque en un cajón cercano al que podía acceder de tanto en tanto. Como muchas generaciones antes y después de la suya, Joanne creció con el mandato de que una formación tradicional era indispensable conseguir un buen trabajo (= estabilidad). Así que fue a la universidad y estudió francés para trabajar como secretaria bilingüe. Pero cuando alcanzó su objetivo, se dio cuenta de que ese día a día estructurado no encajaba en nada con su espíritu creativo.

En aquellos años, la monotonía hacía de las suyas y Joanne no lograba mantenerse en un mismo puesto durante mucho tiempo. Su frustración empezaba a debilitarla, y cuando su mamá falleció, el dolor era tan grande que decidió abandonar todo para irse lo más lejos posible.

Todo es posible si tenés el temple suficiente

– J.K.Rowling –

El destino elegido para probar suerte fue Portugal. Ahí enseñó inglés y también, conoció a un periodista con quien se casó y tuvo una hija (Jessica), pero al poco tiempo se divorciaron.

Con la necesidad urgente de recomenzar (ahora por dos), volvió a su país, donde se le diagnosticó depresión clínica. Además, luchaba por sobrevivir económicamente y recibía la ayuda de la asistencia social.

En ese tiempo, sólo dos cosas la mantuvieron en pie: su hija y la meta de terminar su libro sobre un niño mago. La inspiración le había llegado como una ráfaga a sus veinticinco años, mientras viajaba desde Manchester a Londres en un tren con retraso. “El chico que no sabe que es un mago y va a la escuela de magia”, eso fue todo lo que necesitó “sintonizar” para empezar a crear a Harry Potter, y aunque no tenía con qué anotar, la llama de la creatividad ya se había encendido dentro de ella.

Harry Potter y la piedra filosofal  fue tomando forma en una cafetería en la que Rowling se sentaba a escribir (con su bebita durmiendo a su lado) hasta mucho tiempo después de que se terminara su café.

Cuando estuvo listo, la autora empezaría a escalar más montañas de impedimentos. Las editoriales que rechazaron su obra alcanzan una docena (y sí, algunos de sus editores habrán encontrado otra misión de vida). Se necesitó un toque de suerte y alguien fresco e incontaminado en las cuestiones del marketing  para ver el potencial del libro. Esa persona fue Alice Newton, la hija del presidente de la Bloomsbury Publishing. Ella, a sus tiernos ocho años, le dijo a su papá: «¡Esto es mucho mejor que cualquier otra cosa!», él la escuchó y el resto es la historia que conocemos.

El libro, que firmó como J.K Rowling (a solicitud de la casa editora) dio paso a una saga con un éxito mundial sin precedentes que estalló con las películas sobre cada uno de los títulos. Por primera vez en mucho tiempo, la escritora no caminaba a contraviento y hasta el amor de un buen hombre la esperaba a la vuelta de la esquina. Lo curioso es que a  Rowling no sólo le costó llegar, sino también aprender a recibir la abundancia que había alcanzado. La popularidad a escala global y pasar de pobre a multimillonaria (en sólo cinco años) no eran escenarios que podría haber anticipado y ajustarse a su nueva realidad —crisis mediante—le llevó tiempo.  “Cuando venís de donde vengo, nunca das por sentado que el dinero no te faltará otra vez”, explicó en una entrevista y también contó que su idea de la felicidad se resume a lo que escribió para uno de los personajes de su primer libro: “El hombre más feliz de la Tierra es el que puede mirarse en el espejo (*de Oesed, el de lo deseos más profundos de su corazón*) y verse exactamente como es”… “Algo de lo cual estoy muy cerca”, confesó.

En estos fragmentos de su discurso memorable en Harvard queda claro que, aun en los momentos más difíciles de una persona, aferrarse a lo que uno ama puede ser la guía hacia la salida del laberinto:

“…7 años después de haberme graduado había fracasado en una escala épica. Mis temores se habían convertido en realidad, yo era el mayor fracaso que conocía…”

“…puede que nunca fracasen en la escala que yo lo hice, pero un poco de fracaso es inevitable, es imposible vivir sin fallar en algo a menos que vivan con tanto cuidado que no vivan del todo, y que para el caso: es un fracaso…”

“…El fracaso me enseñó a descubrir que tenía fuerza de voluntad y que era más disciplinada de lo que creía…”

“…Nunca se conocerán a ustedes mismos, o a la fuerza de sus relaciones hasta que no hayan sido probados ante las adversidades; ese conocimiento es algo que fue ganado dolorosamente…”

“Tocar fondo se convirtió en la base sólida en la cual reconstruí mi vida…”

Mirala
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Mirala

Team work, desde 2010 trabajando con amor por lo que hacemos



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