Inspirate con la historia de Les Brown


Les Brown nació el 17 de febrero de 1945 en un edificio abandonado de Liberty City, un barrio empobrecido  y alejado de la zona turística de Miami, Florida. A las pocas semanas de vida, él y su hermano gemelo Wesley, fueron dados en adopción y casi de inmediato, encontraron un hogar en los brazos de  Mamie Brown, una mujer soltera de 38 años que trabajaba como asistente de cafetería y empleada doméstica.

Mientras estaba en la escuela primaria, a Les le diagnosticaron un retraso mental leve (considerado “educable”); lo cual no sólo era incorrecto, sino que dejó al descubierto que los profesionales —como mínimo— no habían dedicado ni el tiempo ni la atención suficientes para reconocer su verdadero potencial.

Por suerte, su mamá le enseñó a perseverar; y un profesor de la secundaria lo desafió a no creer en lo que opinaran de él los demás.

Les supo escuchar y aplicar esas enseñanzas…y años más tarde, su visión interna lo llevó a creer que, además de trabajar en la recolección de residuos, podía cumplir su sueño de ser DJ de radio. Una aspiración a la que dedicaba horas de práctica en su casa, cepillo en mano, cual si fuera un micrófono.

El verdadero objetivo de Les era comprarle una casa a Mamie —su principal figura de protección, cuidado y amor— y la radio iba a ser su punto de partida para cumplir esa meta.

Un día, quién sabe por qué, Les sintió que era hora de dar el salto. Así que fue hasta la estación de radio de su ciudad y se presentó ante el gerente. Le dijo que quería trabajar. El hombre le miró el overol y el sombrero de paja y le preguntó si tenía experiencia en radio:

-“No señor, no tengo”.
-“¿Y a qué se dedica?”
-“Corto pasto”.
-“Entonces, no tenemos ningún trabajo para ofrecerle”.

Les lo recuerda así: “Decidí que era algo que iba a hacer. Decidí ser imparable. Durante una semana fui a la radio para relacionarme con la gente que hacía lo que yo quería hacer”.

Eso fue suficiente para que lo tomaran como chico de los mandados (sin pagarle) y hasta le pidieran que fuera chofer de los cantantes invitados. Algo que hizo con mucho gusto y con tanta seguridad, que nadie notó que no tenía licencia de conducir…

Cada noche, al volver a su casa, practicaba y trabajaba en sus habilidades de comunicación, siguiendo la consigna de que “es mejor estar preparado y no tener la oportunidad, que tenerla y no estar preparado”.

Y la oportunidad llegó: “Un hombre estaba al aire y empezó a beber. Se llamaba Rock. Yo estaba viéndolo a través del vidrio, hambriento por esa oportunidad y listo para tomarla”.

Les era la única otra persona en el edificio cuando sonó el teléfono. Era el gerente de la estación:

—”Les, habla el señor Klein”.
—”Sí, lo sé”.
— “Les, no creo que Rock  puede terminar su programa”.
— “Sí señor, lo sé”.
— “¿Podría llamar a los demás y vigilar todo hasta que lleguen?”
— “Sí, señor. Seguro que sí”.

De inmediato, Les usó el teléfono, pero no para avisar a los otros, sino  para llamar a su madre y a su novia: “¡Salgan al porche y pongan la radio porque estoy a punto de salir al aire!”

Esperó unos 15 minutos antes de volver a contactarse con el director general.

 “Señor Klein, no encuentro a nadie”.

El hombre, entonces, le preguntó:

“Joven, ¿Sabe cómo usar los controles del estudio?”
—”Sí, señor”.
— “Está bien…Ah,  y no diga nada, por favor”.
—”No, señor”.

Les se lanzó a la cabina,  se sentó y encendió el micrófono. Ese era su momento. Estaba listo. Y tenía hambre. Ese día comenzó su carrera. Nunca más se detuvo: fue presentador de televisión, político, escritor y se convirtió en uno de los más grandes oradores motivacionales de su generación.

Con toda su experiencia, Les tiene suficiente fundamento cuando dice: “Aceptá la responsabilidad por tu vida, sos el creador de tu destino” y sobre todo: “No permitas que la opinión de otro sea tu realidad, porque todo es posible.

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