Ignacio Zudaire: “Surfear te conecta de lleno con la naturaleza”


Tiene 21 años y ya pasó más de la mitad de su vida en el agua. Es un decir…pero no está muy alejado de la realidad. Todo empezó cierto día de su infancia cuando vio surfear a su vecino. Pronto, la curiosidad se convirtió en admiración: “Quería hacer lo que él hacía, por eso me inicié; a pesar de que mi hermano y mi tío también lo practicaban”, recuerda.

Hoy, Ignacio Zudaire es uno de los surfistas jóvenes más populares de la ciudad, pero cuando empezó no tenía nada: ni siquiera una tabla. Un día, su mejor amigo le prestó la suya para que se metiera al mar y Nacho sintió que tenía la habilidad necesaria para dedicarse a ese deporte. Después, trabajó en el negocio de su abuelo (Aldo González) y con el primer sueldo, finalmente se pudo comprar una. “De ahí en más, le metí mucha constancia. Les preguntaba a los más grandes por dónde entrar, por dónde meterme… cómo estaba el mar…Todo el tiempo fogueándome y mirándolos surfear”, comenta.

Más adelante, comenzó a participar en las competencias con el apoyo de sus instructores de la escuela de la Asociación de Tecnificación Argentina de Surf (ATAS). “Me incentivaron: eso fue muy importante porque precisaba que me dijeran si estaba surfeando bien o no y también necesitaba que me cuidaran”, explica. Con ellos viajó por primera vez a Brasil con el seleccionado argentino. “Tenía 13 años: me acuerdo que fui con una tabla rota, con lo que pude, pero fui. ¡Siempre igual!”

Con 16 años competí el Hang Loose en Maresias. Me acuerdo que estaba temblando del miedo: las olas pasaban los tres metros de altura… igualmente, tomé coraje y me metí al agua. No me fue bien, pero fue una experiencia linda ¡Y temible!

Se refiere, por ejemplo, a lo que le pasó en el QuickSilver Pro del muelle, donde logró quedar en el quinto puesto: “Me faltó un heat para llegar y veía cómo todos estaban preparados con sus tablas nuevas, sus equipitos, bien apoyados por los padres y por los sponsors… y yo con mi tabla toda rota, terminé en las piedras, pero alcancé a ganarles a los que tenían todo. Creo que el surf es así, como uno lo tiene en la sangre. No porque tengas la mejor tabla vas a ser el mejor”.

Lo que afirma lo aprendió por experiencia propia, pero Nacho no sólo templó su carácter superando limitaciones económicas. También sabía que si quería avanzar en su deporte tenía que encontrarle la vuelta a las desventajas climáticas: “No tenemos mucha constancia de olas acá, por eso mi progreso es más lento. En cambio, si pudiera viajar todos los años unos meses al exterior evolucionaría a pasos agigantados. Pero voy al gimnasio, entreno, me cuido con la alimentación. Lo hago por el surf y principalmente por mí, porque quiero estar feliz conmigo mismo. A la vez, eso repercute en mi rendimiento”.

Cuando se le pregunta cuál es su punto fuerte como surfista, no duda: “Es la fluidez. Los movimientos no son forzados, más allá de que entrene duro. Hay algo que me sale naturalmente”.

Lo que se siente en el agua es algo único. Escuchar el ruido del mar, filtrar la ola, pasarla por abajo, mojarte, meterte en invierno, sentir el frío, que te pase un lobo marino por al lado… ¡Hasta estuve cerca de ballenas! Surfear te conecta de lleno con la naturaleza.

Sus maniobras preferidas son los aéreos y los cutbacks. En los aéreos es en lo que más trabaja, aunque representan todo un desafío: “No tengo de dónde aprenderlos más que por videos de surf, o en Brasil ¡Allá vuelan todos! Estando ahí me salían siempre porque estaba rodeado de otros que los hacían. Además, tiene que haber buenas olas para ejecutarlos; de un metro y medio, más o menos”.

De sus inicios, recuerda que siempre fue independiente. Le pedía permiso a su mamá para ir a surfear y después “se manejaba solo”. Ahora, reconoce que meterse al mar sin compañía es un riesgo y que — más allá de que es un deporte individual — siempre se necesita que haya alguien más en el agua, para que sea más seguro…Y sí, también más entretenido: “Formé un grupo de amigos buenísimo porque nos motivamos todos para surfear”, dice sonriente.

Para él, Miramar es una ciudad “muy linda, donde le encanta vivir”. Es por eso que cree que todavía se puede mejorar la cultura del surf local. Lo que equivale a decir que todavía puede difundirse mucho más, sobre todo entre los chicos: “Me pongo a pensar que teniendo el mar (que hay muchos pibes que no lo tienen) hay que aprovechar a practicar este deporte”. Opina que tiene que haber cada vez más surfistas para que se mejore el nivel actual: “Si con la poca cantidad que tenemos, el nivel es tan bueno ¡imaginate con muchos! A mayor cantidad, más motivación y más competencia. Fijate que en los torneos acá no somos más de treinta y en Mar del Plata son un montón. Sería bueno que más chicos empiecen a surfear, que aprovechen el mar tan lindo que tiene Miramar, que la ciudad te brinda eso”.

¿Si él lo aprovecha? —Al ciento por ciento: “Yo salgo del mar con el traje puesto y me voy en moto a mi casa para ducharme porque me queda a diez cuadras. No me queda a cincuenta (o más), como pasa en las grandes ciudades”.

En el mar, como en la vida

“Los chicos que salieron de la escuelita —aunque ahora cada uno tomó su camino— son los que mejor preparación tuvieron. Me incluyo porque todos tenemos una disciplina en el surf, sabemos competir, sabemos cómo comportarnos en el agua, entre otras cosas”, explica y asegura que ve chicos que no han tenido la posibilidad o que no han querido ir a formarse: “No saben qué hacer porque no hay nadie que les diga cómo pueden mejorar. Por eso, recomiendo que si está en sus posibilidades, vayan a una escuela de surf”.

Lo evidente, cuando habla de su deporte, es la actitud de apreciación que le despierta en todo sentido: “Te desconecta de todo. Cuando finalizás una buena sesión y llegás a tu casa, te sentís muy cargado de energía. Lo que se siente en el agua es algo único. Escuchar el ruido del mar, filtrar la ola, pasarla por abajo, mojarte, meterte en invierno, sentir el frío, que te pase un lobo marino por al lado… ¡Hasta estuve cerca de ballenas! Surfear te conecta de lleno con la naturaleza. Si te ponés a pensar, ir con una tabla deslizándote en un medio líquido como el mar, es algo increíble”.

Entrevistar a Nacho es entender que, al igual que en el agua, también en lo cotidiano la fluidez es su mejor característica. Ir tranquilo y relajado en la ola parece fácil (sobre todo visto desde la arena), pero es algo que llega después de haber alcanzado un gran dominio técnico. Confiar en que podía surfear sin tener ni siquiera su propia tabla… Aprovechar el presente y no cerrarse a las oportunidades… También es fluir. Así en el mar como en la vida, sin renegar por los contratiempos que se le presenten, con olas buenas o con olas malas, un chico de veintiún años sale a hacer lo que ama. Y como alguien dijo alguna vez: “El mundo necesita más gente que ame lo que hace”.


¿Cómo es tu entrenamiento y tu alimentación?

Mi entrenamiento consiste en ir al gimnasio, pero sin hacer series con mucho peso, ya que al surfista no lo favorece. Salgo a correr tres veces por semana, con diferentes actividades en el recorrido y obviamente, surfeo con buenas olas y malas olas todos los días. Mi alimentación es sana y liviana, como mucha proteína, verduras y frutas; y carbohidratos antes de ir a surfear porque me dan la potencia necesaria. Estoy entrenando también con mi amigo Juan Cruz Teijeiro en su nuevo emprendimiento de entrenamiento funcional adaptado al surf. 

¿Lo complementás con alguna otra técnica?

Sí. Desde chico fui muy observador. Tengo la teoría de que mirando se aprende todo. Por eso, aunque saliera de surfear, me quedaba observando a los más grandes. Como anécdota, te cuento que cuando trabajaba en el negocio de mi abuelo, me la pasaba viendo videos de surf en un DVD portátil. Eso lo hacía para motivarme. 

¿A qué países viajaste a competir?

Por cuestiones económicas, no tuve la oportunidad de conocer otro país más que Brasil. De chico tuve la posibilidad de viajar allá con ATAS y ahí encontré muy buenas olas. Viajé cuatro veces a diferentes lugares; pero el último, Praia do Rosa, fue el más lindo. Con 16 años competí el Hang Loose en Maresias. Me acuerdo que estaba temblando del miedo: las olas pasaban los tres metros de altura…igualmente tomé coraje y me metí al agua. No me fue bien, pero fue una experiencia linda ¡y temible! (ríe). 

¿Cómo te entrenás cada año en los meses más fríos del invierno?

Por suerte, tengo el auspicio de Thermoskin Wetsuits que me brinda el equipo de neoprene necesario para poder surfear durante el invierno sin frío. Como para cualquier surfista, tener que comprarme todos los años cosas nuevas del equipo para no pasar frío, significa un gasto terrible. Tener el aval de la marca me permite seguir progresando en las olas frías del invierno miramarense. 

¿Surfistas que admires?

A nivel internacional, admiro a Gabriel Medina (Brasil), campeón de la World Surf League (Liga de surf mundial). Del país, a mi querido amigo “Chingu” Bollini, a quien me quedaba mirando durante horas para aprender cómo surfear.

¿Tus proyectos más cercanos?

Estoy preparándome para los torneos de verano. Mis planes, son poder competir en todas las fechas del Circuito Argentino de Surf y generar contenido de calidad para las redes sociales que hoy son fundamentales para poder conseguir una marca.

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