Violencia de género ¿Qué es lo que no estamos viendo?


En esta charla, la licenciada Gabriela Sigilli, psicóloga clínica (MP 47209) comparte con Mírala sus reflexiones sobre la violencia de género y propone dejar de pensar los casos como aislados y en cambio, unir las piezas de un rompecabezas donde diversos factores culturales contribuyen a sostener una desigualdad histórica.

Para empezar a entender este tema ¿Cómo es posible que un bebé que viene inocente al mundo se convierta en un “macho” dominante o en un hombre violento hacia la mujer?

¡Tarea difícil ser hombre en la sociedad actual! Atravesado por un mandato de masculinidad, carga con la obligación de ser fuerte, potente, ganador… atributos que lejos de lograr la fortaleza pretendida, terminan debilitándolo y precarizando su autoestima. Esto que sucede con el hombre, como señala la antropóloga Rita Segato, no se debe consecuentemente al empoderamiento de la mujer, argumento que ha tomado importante trascendencia en los últimos tiempos, sino a la imposibilidad de encarnar el ideal de masculinidad pretendido por la sociedad contemporánea.

¿Qué sería lo que debilita y vuelve impotente al hombre de hoy?

Siguiendo esta línea de razonamiento, podemos pensar que es la falta o inseguridad en el empleo, la precarización de los vínculos y de la vida económica y la imposibilidad de tener cubiertos derechos humanos fundamentales como lo son la salud, la educación y el acceso a diversas formas de bienestar.

¿Por qué es importante entender el mandato social al que está sujeto el hombre y sus consecuencias?

Porque entre esas consecuencias está la violencia hacia la mujer. Entonces, ¿si todos los hombres llevan el lastre, significa que todos terminarán produciendo esos actos violentos? No. Pero la realidad muestra que muchos de ellos, sí. Aquí no se trata de justificar la violencia de género de ninguna manera, sino de intentar comprender las causas de una problemática que nos atraviesa cotidianamente y que se viene incrementando de manera alarmante.

Los casos de violencia de género en las noticias se suelen tratar desde los hechos particulares, aislados de otros componentes ¿Qué pasa después?

Para tratar el tema en profundidad, es necesario ver más allá de los casos aparentemente aislados de este tipo de violencia y detectar la raíz cultural que los une en una sociedad históricamente patriarcal que ha legitimado la superioridad del hombre sobre la mujer a través de diferentes herramientas como el control, el sometimiento y fundamentalmente, el discurso que perpetúa la desigualdad.  Precisamente, este componente — inmerso en el lenguaje cotidiano — facilita que se naturalicen situaciones que están lejos de ser naturales y es solo a través de su cuestionamiento que podemos comenzar a verlas por lo que son.

¿Qué es la violencia doméstica (además de los golpes) y cómo podemos detectarla?

La violencia doméstica en sus pequeñas manifestaciones tiende a transformarse en caldo de cultivo para la máxima expresión de la violencia hacia la mujer: el femicidio. Constantemente se suceden situaciones menores en la vida cotidiana que no son consideradas como agresiones:

  • Manejo unilateral del dinero en la pareja (como forma de detentar el poder)
  • Denigración
  • Control
  • Aislamiento
  • Insultos
  • Celos desmesurados
  • Críticas constantes

Estas y otras formas de ejercicio del poder sobre la mujer, terminan por erosionar su autoestima, lo cual contribuye  a su sometimiento. Hasta que no se tome conciencia de esto a través de la educación, va a ser muy difícil erradicar la violencia como objetivo.

¿Cuál es el rol de los medios en todo esto?

Hoy asistimos a un show mediático donde se revictimiza a la mujer.  No se contextualiza la violencia contra las mujeres como un problema social, cultural, sostenido por la desigualdad histórica que nos afecta  como mujeres. La espectacularización del morbo se impone. No se consulta a especialistas para dar un enfoque de derechos. El periodismo con perspectiva de género es el gran ausente.

Las marchas por Ni una Menos surgieron para visibilizar una situación insostenible, pero ahora también tienen detractores ¿Cuál es tu postura?

Hay quienes se quejan (mayoritariamente son mujeres) diciendo que la marcha Ni una Menos se politizó. Detengámonos un segundo a reflexionar sobre esta sentencia: ¿acaso no toda acción social, todo reclamo, toda proclamación de saberes e ideas y toda acción humana, en definitiva, es política? ¿No somos “hombres (y mujeres, agrego) políticos por naturaleza”, como dijo en algún momento Platón? De esto se trata el reclamo de políticas integrales de género, a fin de enfrentar la violencia machista y el desarme de la desigualdad de derechos histórica que padecemos las mujeres. Las mujeres somos actores políticos y solo a través del ejercicio de la política vamos a lograr alguna vez el cambio necesario de un paradigma patriarcal que oprime, limita, vulnera derechos y dignidades; mata y nos desaparece en bolsas de residuos, metáfora del horror, del lugar que ocupan nuestros cuerpos como objeto de goce de un otro perverso.

¿Por dónde seguimos trabajando hasta romper el paradigma que sostiene la violencia?

Como antaño, como hace siglos, haciendo política: la única manera de cambiar el paradigma que va a transformar la sociedad. Nos quemaron en hogueras llamándonos “brujas” con la connivencia de las iglesias, nos llamaron “animales de pelos largos e ideas cortas”, nos pusieron “detrás de grandes hombres”, nos desaparecieron, nos llamaron “locas” y también “putas”… pero acá estamos. De ahí, la importancia de marchar las veces que sean necesarias para vivir libres y sin miedo por el solo hecho de ser mujeres; y también, la de dejar en claro que acabar con la violencia es un asunto que nos concierne a todos (y a todas), que requiere un cambio en nuestra manera de pensar, en nuestra mirada del lugar que ocupamos en el mundo y en nuestras dinámicas; es decir, un cambio en nuestra cultura.

Mirala
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