Aceptar el diagnóstico, no el pronóstico


En la consulta profesional al escuchar al otro, se crea un vínculo de confianza donde se comparten  anécdotas y  vivencias de seres anónimos. Son historias de vida que abren nuevos caminos.

La persona que llega al consultorio es un libro que se abre a través del diálogo.  El vínculo humano que surge de escuchar al otro, sus tristezas, miedos, malestares y las emociones que muchas veces desencadenan diferentes dolencias.

Es que la profesión no puede circunscribirse meramente a una práctica, a una técnica.  Se requiere establecer un vínculo humano, la posibilidad de comunicarse en una relación de confianza y respeto, sin juicios que condenen.  En esa confidencialidad se acepta la libertad de elección que todo ser humano tiene con respecto a su bienestar.

Hay personas que no se rinden frente a la adversidad. Los problemas se les presentan y buscan una estrategia para seguir adelante.  En otras palabras, pueden aceptar un diagnóstico pero no un pronóstico.

Así fue la historia de la mamá de un nene, a quien durante su siguiente embarazo le detectaron una neoplasia maligna. Cáncer: esa palabra que mucha gente prefiere no pronunciar.

Sin embargo, ella decidió hacerle frente e indagó en los diferentes tratamientos que había para una situación tan difícil.  Consultó entre profesionales y eligió un plan terapéutico que abarcó la quimioterapia y la medicina complementaria.  Tenía la convicción de que ese era el procedimiento correcto y contó con el apoyo de sus seres queridos.  El camino no fue fácil y en algunas oportunidades parecía debilitarse, pero en su fortaleza, cumplió con todas las indicaciones y realizó los estudios para saber cómo progresaba la enfermedad durante el embarazo.  Su esfuerzo no fue en vano: vio nacer a su hija.

Ahora, ya no nos vemos en un consultorio, simplemente nos cruzamos en la calle. Intercambiamos saludos y me cuenta que la nena “está grande”, tiene 14 años, y que el mayor cumplió los 18.  Ella aún se realiza controles y con la misma fortaleza que la empujó a no bajar los brazos, me dice: “quiero verlos crecer”.

Esta es una historia para compartir, como tantas otras en las que cada persona elige su camino.  Porque cuando se presenta una encrucijada, siempre hay una elección: rendirse, seguir adelante, aceptar lo establecido o innovar.

Patricia Varela
About the author/Acerca del autor/a

Patricia Varela

COLUMNISTA
Patricia Varela es licenciada en Enfermería, periodista y licenciada en Comunicación Social. Curiosa por naturaleza, nunca deja de aprender sobre los temas que le interesan. Desde las colaboraciones en Mírala, Patri comparte su pasión por los animales, la lectura, las películas, la música y las cosas simples de la vida, con la sensibilidad que la caracteriza.



1 Comentario

  1. Patricia
    29 diciembre, 2017
    Responder

    Es una historia en donde se encuentran la ciencia, la esperanza en la vida, la fe para superar un mal trago, el amor de una madre. Y siempre tiene que ver al Amor como motor para seguir adelante

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